El discurso como instrumento ideológico en los textos escolares

Los textos escolares son el primer acercamiento de los niños a su formación como ciudadanos, seres sociales funcionales en una comunidad. La misión del maestro es guiar al niño es sus primeros pasos y, entre las poquísimas herramientas que se le da para tamaña tarea, se le entregan estos libros. El maestro no tiene aquí voz ni voto, estos textos son designados por las autoridades como parte de un programa educativo aprobado por profesionales en la materia. Los jóvenes estudiantes no solo aprenden lengua y matemáticas a través de ellos, sino que aprenden a convivir con los otros, a identificarse como individuos y entender normas sociales; comienzan a traducir el mundo y a buscar su lugar en él.

Estos textos se presentan con una aparente objetividad como un discurso académico divulgativo. Transmiten teorías sobre cómo funciona la realidad y representan eventos a través de estrategias argumentativas. Estas estrategias enmarcan un discurso que implica una ideología, de forma explícita o implícita, ya que, como sabemos, ningún discurso es neutro. La cuestión es que descubrir una ideología detrás de un texto requiere un ejercicio crítico por parte del lector, lo que en este caso se dificulta porque hablamos de chicos en sus primeros años escolares que recién (con suerte) podrán adquirir una mirada crítica después de la adolescencia.

Cabe preguntarse entonces: ¿a qué tipo de texto acceden los niños en edad escolar? ¿Qué clase de ideología transmiten estos textos? y ¿quién la valida? ¿Existe pluralidad o solo tienen una única visión de las cosas?, ¿dan lugar a una mirada crítica? Para guiarnos en función de acercarnos a algunas posibles respuestas, haremos un repaso sobre los conceptos de discurso, ideología y glotopolítica, para luego analizar las diferentes representaciones en el lenguaje, y finalizaremos con el estudio de casos particulares de nuestro país.

El discurso del discurso

El discurso es el resultado de la unión de la competencia lingüística (los conocimientos sobre el lenguaje) y la competencia comunicativa. Esta última más social y pragmática, que se apoya en la competencia lingüística para formular enunciados acordes en un momento y lugar determinados. Elegimos las palabras adecuadas para cada persona y contexto; de esta forma podemos llegar al otro (interlocutor o lector) con más efectividad. A partir de estas nociones sobre el lenguaje podemos deducir que las palabras tienen poder: podemos manifestar con ellas nuestra alegría, ira o disconformidad sobre un asunto; nos permiten acercar o alejar a nuestro interlocutor y ejercer poder sobre él.

Pierre Bourdieu en su libro ¿Qué significa hablar? explica que la lengua es, además de una herramienta de comunicación, un instrumento de poder.French philosopher and sociologist Pierre Bourdieu ponders a question during a conference in Paris in this Oct. 7, 1998 photo. Bourdieu died of cancer at a Paris hospital on Thursday, Jan. 24, 2002. He was 71. (AP Photo/Remy de la Mauviniere)

Las palabras parecen provenir de un mundo mágico, contienen una fuerza que nos permite influenciar, persuadir, ordenar, etc. Debemos preguntarnos dónde reside esa fuerza o cuáles son las condiciones sociales que explican su existencia. La ciencia social debe entonces poder hallar esa magia y explicar si esta proviene de las propias palabras o de quienes la pronuncian.

En los textos escolares cada palabra depositada es “magia” escondida que cualquier día puede activarse y de hecho, lo hace. Colocar una palabra en lugar de otra es cambiar el mundo social. Hablar, por ejemplo, de la clase obrera, representarla a través de alguna alusión, es también de cierta forma, crearla desde una perspectiva: “los pobres”, “la gente humilde”, “los sumergidos”. Cada sintagma tiene su propio peso simbólico y cultural. El carácter simbólico de cada palabra o frase es aprehendido (casi siempre de forma inconsciente) en los primeros años de vida del individuo. Estas categorizaciones de la realidad son una pequeña parte de lo que Bourdieu denomina habitus. Por habitus se entiende el conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan en él. Este habitus, generador de subjetividades y objetividades, fuerza posicionadora del mundo, es adquirido fundamentalmente en la socialización primaria y secundaria, o en otras palabras, en la etapa de escolarización.

Esta carga semántica que el niño absorbe no solo se halla en las palabras, sino también en las estructuras, ya que se pueden alterar los significados poniendo énfasis en la sintaxis, la repetición y el uso de medios gráficos. Podemos “maquetar” las ideas con imágenes, tipografías, espacios en blanco y grandes titulares. Así nuestras debilidades y defectos quedarán relegados y las de los de afuera o “los malos” aparecerán en grandes primeras páginas con colores llamativos.

El estudio de las relaciones entre los fenómenos lingüísticos y sociales forma parte de la disciplina denominada sociolingüística, pero más precisamente, en este caso concreto, podemos situarnos en una de sus subdisciplinas, la glotopolítica.

La glotopolítica fue fundada por los sociolingüistas Jean-Baptiste Marcellesi y Louis Guespin con el fin de englobar todos los hechos de lenguaje en los cuales la acción de la sociedad reviste una forma política. El término permite designar las acciones conscientes o inconscientes de una sociedad sobre el lenguaje: cuando se reprime un determinado uso de la lengua o cuando en el discurso, la escuela decide convertir en objeto de evaluación la producción de un determinado tipo de texto. Entran en juego aquí los aspectos sobre el poder, autoridad y legitimidad del lenguaje como fenómeno ideológico-discursivo. La glotopolítica permite estudiar las intervenciones de las ideologías lingüísticas y como estas participan en la reproducción o transformación de las relaciones sociales y las estructuras de poder.

Para entender  estas cuestiones es fundamental tener en claro el concepto de ideología. Si bien hay muchas acepciones, podemos quedarnos con la idea de que una ideología es el fundamento de las representaciones sociales compartidas por un grupo social. Por ejemplo, Althusser definió ideología como “los temas, conceptos y representaciones a través de los cuales los hombres viven en una relación imaginaria las relaciones con sus reales condiciones de existencia”. La ideología sería entonces una estructura abstracta que carga una realidad abstracta en la cual los sujetos “viven”. Las ideologías pueden observarse en cualquier práctica social y son esenciales en situaciones de superación, dominación y resistencia (relaciones que existen desde que el hombre es hombre). Esto podría explicar por qué muchas de las estructuras ideológicas son creadas en base a una diferenciación entre grupos: nosotros y ellos, los de afuera y los de adentro, los locales y los extranjeros. Es sobre este binomio que se manifiestan los discursos ideológicos, tanto en el estado, como en los medios de comunicación e incluso en los textos escolares.

Entrelíneas

La elaboración de cualquier discurso requiere de determinadas estrategias comunicativas y es a través de estas que podemos deducir a qué apunta el texto realmente, cuáles son sus fines. En una primera instancia debemos hallar las tácticas por medio de las cuales se representan en los textos escolares realidades, historias y vidas y luego pasar a traducirlas para entender el por qué, cuál es la razón que explica que un autor quiera hacer entender a un lector que  X cosa es de esta forma y no de otra.

DijkEl lingüista Teun van Dijk sostiene que hay determinadas formas en las que se manifiestan las estrategias del discurso. Específicamente en los textos escolares, los argumentos no solo se expresan a través de las palabras, a menudo se utilizan, sobre todo en los niños más pequeños, fotografías, dibujos, paisajes y formas de diferentes colores. Muchas veces aparecen viñetas o historias cortas como “comics”, esto sirve para ilustrar o representar de forma más creíble el punto del portavoz. Según Dijk, se memorizan mejor las historias concretas que los argumentos abstractos, y tiene un impacto más emocional, porque argumentativamente son más persuasivos.

La manera en como son descritos los actores del discurso también es fundamental y define claramente la posición de un grupo. Se tiende a describir a los miembros de “nuestro grupo” de forma más idealista y positiva que a los del “otro grupo”. Pensemos en los personajes que forman parte de nuestra historia nacional, aquellos que se suelen denominar como los forjadores de la patria, mientras, los enemigos y extranjeros se expresan con rasgos negativos, o aún peor, se les niega su existencia.

Dijk explica que también hay una fuerte carga ideológica en las expresiones normativas y los estilos. Con expresiones normativas nos referimos a aquellas ideas que suelen ser sentenciadas por las autoridades y calan profundamente en la sociedad. Hay discursos con una fuerte carga normativa, como es el caso del discurso antirracista. A través de diferentes expresiones que no son siempre visibles, los portavoces expresan normativas sobre eso que “nosotros” debemos o no debemos hacer. Los estilos, en cambio, se utilizan como estrategia para expresar significados similares de formas muy variadas: se cambia la posición del portavoz, su meta y su punto de vista en el discurso y así se logra alterar el sentido del mensaje.

Una de las estrategias más utilizadas en los textos escolares (y también una de las más peligrosas) es la generalización: en lugar de proporcionar historias concretas, los portavoces hacen uso de generalizaciones que terminan generando un prejuicio sobre un tema o persona. Así, se genera un argumento basado en una particularidad que abarca una totalidad.

La representación de la otredad

Los otros son otros en la medida en que son diferentes de nosotros. Se construye un otro como parte de un binomio. Como en la interpretación saussureana del signo lingüístico, en la que el contenido de una palabra depende solo de lo que ocurre fuera de ella, el otro es eso que no soy yo, que es distinto y que está fuera de mí. La otredad es la única garantía de diversidad y es la que nos da la posibilidad de reconocer, respetar y convivir con la diferencia.

Desde que el mundo es mundo convivimos con la diversidad. Los niños deben aprender en sus primeras etapas de socialización a reconocer y entender esa diversidad: para eso están las instituciones educativas, para promover la integración y el entendimiento entre diferentes niños de diferentes clases sociales y familias.

EscuelaLa función socializadora de la escuela ha despertado un importante interés y múltiples polémicas hoy en día, ya que asistimos a una renovada curiosidad por entender la relación entre las ideologías lingüísticas materializadas en la lengua. La lengua es estudiada no solo desde el punto de vista lingüístico, sino como un espacio simbólico e ideológico en donde se debate una identidad cultural. La identidad (nuestras costumbres, valores y representaciones) es esencial tanto para conformarnos como grupo social como en la creación de una nación y es aquí donde entra el juego el discurso de las autoridades.

En el marco de la configuración de los estados latinoamericanos, resulta interesante observar las operaciones que tienden a conformar el imaginario colectivo de cada nación. La estrategia es unificar y separar con y a través de la lengua: así pasamos en un primer lugar a la conformación de una lengua estándar, que será entendida por todos los hablantes de la misma nación y será enseñada en la educación formal. Esto, sumado a los diferentes símbolos y  “memorias”, terminan por conformar la identidad de un grupo, que luego se conformará como una sociedad que comparte los mismo valores e intereses. El otro que no comparte ni mi lengua ni mis valores, queda excluido del grupo y por lo tanto, de la sociedad, transformándose en un ser marginal. Suena extraño pensar esto desde Latinoamérica, ya que casi todos compartimos como lengua el español, sin embargo, debemos hacer foco en aquellas minorías relegadas como, por ejemplo, los hablantes del portuñol, el guaraní y el quechua (este último es un caso especial, ya que fue altamente estigmatizada y hoy es lengua oficial en Perú).

En cuanto al contenido, la especialista en análisis del discurso, Elvira Narvaja de Arnoux, realiza una importante revisión sobre aquellos discursos que articulan diversas representaciones de la idea de nación en el libro Los discursos sobre la nación y el lenguaje en la formación del Estado (Chile, 1842-1862). Estudio glotopolítico. El libro estudia las diferentes representaciones en el contexto chileno: cómo se construye una lengua nacional y su aplicación por medio del orden político, económico, administrativo y educativo. Y una vez extendida la lengua, cómo actúa en el espacio discursivo, respondiendo a un interés particular del estado.

Las intervenciones glotopolíticas en el campo de la gramática y los discursos muestran la voluntad de unificar la lengua y disciplinar las prácticas discursivas. Hay determinadas formas correctas de expresión que además legitiman nuestras costumbres y formas de ver al mundo. Las figuras y normas validadas por las autoridades son las nuevas normas y figuras de una comunidad, y por lo tanto, deben ser respetadas y acatadas para mantener el orden y los vínculos administrativos y políticos que la sociedad exige.

Uruguay: Varela y la frontera

La frontera norte de Uruguay se caracteriza, entre otras cosas, por sus peculiaridades lingüísticas. La población de la frontera en el proceso de conformación de la nación era de origen lusitano, por lo que se hablaba portugués en la región. Aquellos pobladores comenzaron a ser un “problema” para las autoridades a la hora de querer homogeneizar la lengua junto a valores y códigos establecidos para la joven nación. El problema de la frontera fue manifestado por el conocido José Pedro Varela, por aquel entonces, Director de Instrucción Pública. Se extrae de documentos de la época la siguiente cita, en la que hace referencia a la situación:

En la hora actual, el Brasil, después de continuados y pacientes esfuerzos, domina con sus súbditos, que son propietarios del suelo, casi todo el Norte de la República: en toda esa zona, hasta el idioma nacional casi se ha perdido ya, puesto que es el portugués el que se habla con más generalidad.”

A partir de esta noción se implementó una primera gran instancia de planificación lingüística que impuso la obligatoriedad de la enseñanza del español en todo el territorio nacional a partir de la Ley de Educación Común de 1877. Se colocaron de forma estratégica escuelas en toda la frontera del país a las que los niños debían concurrir para aprender español como lengua nacional. Se solicitó además traducir al español todos los documentos administrativos relevantes. Aquella idea del Varela altruista preocupado por los niños, se diluye frente a los documentos que lo muestran como un estratega político.

Desde su conformación como estado, Uruguay ha perseguido a través de diferentes políticas lingüísticas la idea de una nación monolingüe. El portugués y el español, que coexistían en un mismo espacio geográfico sin muchas dificultades, comenzaban a verse como lenguas enemigas, idea propulsada por las autoridades, primero a través de la normativa y luego por medio de textos escolares que mostraban al portugués como una “lengua invasora”. Más allá de la carga ideológica de estas acusaciones, parten de un fundamento erróneo, ya que nunca predominó el español en esa región, lo que indica que la verdadera invasión fue por parte del español y no del portugués.

Señala Mariela Oroño en su tesis “Las representaciones sociolingüísticas en textos escolares de la educación primaria uruguaya: las series de libros de lectura de Vásquez Acevedo, Figueira y Abadie-Zarrilli” que existe un claro discurso nacionalista desde el proceso de modernización de finales del siglo XIX. La unificación lingüística y cultural por parte del Estado refuerza los sentimientos de adscripción grupal, mientras que el uso de una lengua diferente define al grupo por oposición.

El sistema educativo y los textos escolares para la enseñanza en el período de consolidación y expansión estatal cumplieron un rol central. Los libros analizados por Oroño se corresponden con la formulación de un programa escolar en la década de 1940. Se puede observar en ellos que los ideales más profundos son la moral y la patria, vinculada a la conservación del idioma. Los extranjeros e inmigrantes se visualizan como obstáculos para la nacionalidad, y el país comenzaba a necesitar de una figura unificadora. Se observa así la aparición de la figura del gaucho, una construcción abstracta capaz de lograr la unidad nacional, que se opone a la peligrosa presencia de inmigrantes y extranjeros.

En este contexto, también puede verse que se establece una oposición entre “nuestro pueblo” y las “razas extranjeras”. Se advierte además sobre la amenaza que representaban los hijos de inmigrantes en etapa escolar, ya que a través de las instituciones educativas podían transmitir a los niños “hijos de la nación” los valores que sus padres les inculcaron sobre su patria de origen. En estos textos escolares se construye al otro como un adversario, como una amenaza para los valores y la moral de la nación. Hay un “nosotros” expresado en infinidad de ocasiones: “nuestro idioma”, “nuestros héroes de la patria” frente a un “ellos” de calidad invasora y amenazante.

Otro dato que se observa en los textos estudiados por Oroño, es la fomentación de la obediencia a los mayores y el respeto a las autoridades. Este autocontrol que debía tener el niño se representa como el origen de otros valores, como la felicidad y la salud. Por traer un ejemplo, uno de los títulos de los textos que conforman estos libros era titulado El amor a los padres se demuestra obedeciéndolos. Así, a los pequeños estudiantes se les enseñaba a seguir las reglas, asumir un rol pasivo como ciudadanos y a respetar a la familia, la sociedad y las autoridades.

¿¡Alguien por favor quiere pensar en los niños!?

Hoy nuestro país vive una etapa de cambios en lo que a la lengua y el discurso se refiere. Hemos sido testigos de la creación de la Comisión de Políticas Lingüísticas de la ANEP en el año 2006. Sumado a esto, hay un importante interés por la aplicación del lenguaje inclusivo que el Estado legitima a través de la modificación de sus estrategias discursivas. Además, la Ley de Educación del 2008 reconoce la existencia de diferentes lenguas en el estado nacional uruguayo, lo que resulta alentador tanto para docentes como para investigadores.

Todo indicaría que hoy existe una buena predisposición por parte de las autoridades para fomentar la pluralidad de la lengua y del pensamiento. De forma oficial, se propuso comenzar a enseñar portugués en todas las escuelas de la frontera. Esta acción cambiaría los preconceptos que tienen los niños sobre el portugués y sus hablantes, sin embargo, ahora nos enfrentamos a un cambio de paradigma: esta aparente apertura a la diversidad lingüística encubre la intención de eliminar el portuñol. Si los hablantes de esa región conocen y manejan fluidamente el español y el portugués, ya no habrá necesidad de utilizar esta lengua: aquí tenemos otra muestra de una política lingüística que, intencionalmente o no, deja a un lado una minoría. Ahora los centros MEC de Rivera quieren proponer a la Unesco que incorpore el portuñol como patrimonio cultural inmaterial, ya que ninguna medida nacional ha considerado salvaguardar su valor.

Este ha sido solo un pequeño repaso por algunos de los temas que debemos tener el claros a la hora de entender los discursos como instrumentos ideológicos. Es importante que podamos decodificar los mensajes que subyacen en los textos escolares, ya que son los niños quienes aprenderán a sociabilizar y entender el mundo a través de ellos.

Apuntamos a que hoy, por medio de las nuevas tecnologías, maestros, padres y jóvenes puedan acceder a un conocimiento interdisciplinario y multicultural, más allá del sistema educativo, y así poder formarse como ciudadanos conscientes y críticos,  entendiendo los sucesos desde otra perspectiva. Podríamos decir que las herramientas ya están dadas, ahora solo es cuestión de tener la voluntad de ver más allá de lo que se quiere mostrar.

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Como bonus track, este documental resulta muy interesante para determinar la importancia de los textos escolares en la construcción de la identidad. En él, Nurit Peled-Elhanan, habla de su investigación relacionada con el contenido de los libros didácticos de Israel.

https://www.youtube.com/watch?v=SUdWxaOOJCQ

 

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