Skinheads: los laberintos ideológicos de la clase obrera británica

 

I

Fueron los hijos de la segunda post guerra mundial y nacieron en los barrios obreros de las ciudades industriales de Inglaterra. FOTO 2Con el tiempo, llegaron a conformar un movimiento juvenil contado entre los más genuinos que afloraron de manera natural e improvisada desde las capas sociales más bajas de la sociedad británica. Ellos repudiaron los patrones culturales de la clase media, combatieron a los hippies y se aislaron de todas las luchas políticas y las revueltas sociales de los años sesenta; se recluyeron en circuitos culturales urbanos, en los bajos fondos de las grandes ciudades y terminaron componiendo las fuerzas vivas de las “barras bravas” de los estadios de fútbol.
Su manifestación fue la violencia deliberada hacia el establishment y los enfrentamientos con la policía, o con pandillas similares, o con otras tribus urbanas, o la persecución de estudiantes universitarios, fueron una escusa donde descargar la ira de aquellos primeros días de marginalidad social.Los setenta fueron más tenebrosos aún, y el encuentro y la interrelación con el movimiento punk politizaron las calles y la totalidad del movimiento. Fue entonces que algo le sucedió a la subcultura de los skinheads y que hasta hoy en día es motivo de discusión entre los integrantes de aquella generación originaria: la conversión sistemática de buena parte de los miembros de las nuevas generaciones hacia el extremismo político de derecha.

II

En los años sesenta, los Mods eran la verdadera vanguardia juvenil en la cultura urbana británica. En torno a ellos se generó una estética y una actitud con preferencias por la buena ropa, la elegancia, la música, las discotecas y el consumo de anfetaminas entre otros pasatiempos. Los Skinheads surgieron de aquellos grupos, aunque por lo general eran de extracción social más baja y con el tiempo se separaron del resto como un grupo definido. Es que los “cabezas rapadas” pertenecían a los sectores más populares de la sociedad y se desarrollaron desde la clase trabajadora de las ciudades industriales y portuarias de Inglaterra. A sí fuera a través del salario o así fuera a través de las políticas de ayuda social estatal, las clases bajas podían acceder a los nuevos bienes de consumo que la reactivación económica europea impulsaba desde el Plan Marshall. Esto permitió que en un par de décadas los sectores sociales más numerosos y más postergados, se incorporaran como nunca antes al mercado.

 

El espíritu original

La fraternidad y el compañerismo surgen del sentido de pertenencia a un grupo específico.FOTO 4 Por lo general siempre tiene que ver con patrones sociales y comunes de conducta, de comportamiento, de modos de pensar; pero también de formas de vestir y de rutinas en espacios comunes. Esto genera no sólo un modo de definirse a sí mismo y al grupo, sino también a “los otros” que no son ni pertenecen al grupo. En pocas palabras, esto es para cualquier tribu urbana contemporánea el compartir ropa, música, lugares de esparcimiento, lecturas y pasatiempos, etc. La conjugación de esos elementos produce para muchos, una visión más completa de la vida, o del mundo desde la cual interpretar la realidad circundante. Los skinheads surgieron mezclados o formando parte de los movimientos juveniles de música y cultura pop. Su extracción proletaria pronto los diferenció del resto. El pelo corto o la cabeza rapada, los pantalones con tiradores y las botas Doc Martens o similar, definieron en principio la vestimenta.
Pero fue sobre todo la conducta social que adoptaron como grupo, la que los terminó separando del resto. Las pandillas de skinheads se caracterizaron por un ejercicio de la violencia callejera como una expresión legítima frente a los demás. Lo que parecía un simple entretenimiento, o el resultado irracional o instintivo de una condición social, se fue convirtiendo en un verdadero problema para el gobierno inglés. Con el tiempo, esa conducta furibunda cobró fuerza en los barrios, en las esquinas, en los bares nocturnos o en los estadios de fútbol.
Aquello era un ejercicio de la violencia como forma legítima para forjar una identidad propia. Para los skinheads no había motivos políticos, no había causas especiales. En realidad la violencia era considerada un pasatiempo. Claro que en la práctica eso se traducía a luchas por el control barrial, la supremacía de los espacios urbanos (las plazas, los bares), o el dominio de la tribuna en el estadio.

 

Hooligans, skinheads y fútbol:

El término “hooligan” o “hooliganismo” es una vieja expresión surgida a fines del siglo XIX.  Hacía referencia (¡ya en aquel entonces!) a los individuos fanáticos y violentos que concurrían a los estadios de fútbol. Generalmente eran desocupados o excluidos del sistema. La marginalidad era casi total. Por lo general abundaban en los cinturones de las grandes ciudades industriales. Tenían un lenguaje propio, se los distinguía por la vestimenta estaban sumergidos casi que en la total delincuencia. Los primeros incidentes en el fútbol con hooligans datan de 1912, cuando por incidentes, hubo que suspender un partido entre el Manchester United y el Liverpool. Sin embargo hubo un hecho clave varias décadas después, que terminaría unificando a los hooligans comunes con los skinheads: la Copa del Mundo de Inglaterra de 1966. En ese campeonato los ingleses ganaron el torneo en su propia casa y esto trajo consigo a una nueva generación de apasionados por el deporte. El hooligan de entonces por lo general pasó a ser el skin fanático del fútbol. Se generó entorno al fútbol toda una expresión de fidelidad inclaudicable que cambiaría la percepción con que se contemplaba ese deporte. Los skins o hooligans seguían al equipo de sus amores día tras día, jugara de local o visitante. Hasta entonces no era una costumbre general la de concurrir como espectador a una cancha ajena. Éstos jóvenes seguían a su equipo trasladándose a otras ciudades, e incluso a otros países. Los problemas en esos viajes, la violencia y los destrozos de tribunas o estaciones de trenes, comenzaron a ser comunes. Los destrozos y las trifulcas también se instalaron dentro de los estadios, en el enfrentamiento de parcialidades. Al principio (hay que recordar que todavía no había una división específica de parcialidades) la confrontación era con los adversarios por el control de la tribuna. El objetivo era literalmente echar a los golpes a los del otro equipo. Se concurría incluso con armas de fuego.

 

FOTO 5

La inmigración jamaiquina: el reggae y el ska

Jamaica había sido una colonia británica. La inmigración antillana hacia Inglaterra había sido siempre fluida, pero con la independencia en 1962, la llegada de jamaiquinos no cesó. Por el contrario, se insertaron en los estratos sociales más bajos de la sociedad británica. Con ellos  también vino su riqueza cultural. FOTO 6El ska y el reggae eran sonidos derivados de la asimilación del rhythm and blues y el soul norteamericanos, y para los años sesenta, aquellos sonaban en los barrios de inmigrantes de los bajos fondos londinenses. Los skinheads tomaron contacto de manera casi inmediata con la música negra. Hasta entonces no tenían sonidos propios, y adoptaron aquellos estilos como propios. Los skins no escuchaban rock and roll.
Por su parte los jamaiquinos también llevaron sus formatos juveniles, y en los barrios étnicos o en los centros nocturnos de música para negros, ambos grupos socializaron. Las pandillas jamaiquinas eran denominadas rude boys y tenían su propio estilo, argot, vestimenta y lugares de encuentro. En las luchas barriales, los rude boys apoyaban a los skinheads. Esto último es muy subrayado por algunos integrantes del movimiento de la primera época, para refutar categóricamente las acusaciones y las connotaciones neonazis y racistas que el movimiento adquiriría después. Aquel era el espíritu originario, y aún después de que el movimiento se fracturara, blancos y negros siguieron compartiendo las calles.

 

La naranja mecánica: la visión artística de una violencia sinfónica 

Otro de los hitos en la cultura skinhead fue el estreno del famoso filme de Stanley Kubrick en 1971. La película está basada en la novela homónima de Antonhy Burguess y ubicada temporalmente en la Inglaterra de un futuro con fecha incierta (los años noventa) marcó un mojón más en la cultura de los cabezas rapadas y acelerando en parte la autoafirmación colectiva de muchos chicos de la época. La violencia justificada como simple divertimento que la película destaca, inspiró sobremanera a un montón de pandillas de la época. La realidad y la ficción confluyeron en algún lugar, pues de hecho de el paki-bashing (apaleamiento de pakistaní) se hizo frecuente en los barrios de inmigrantes y obreros durante la década del setenta. Acusados de llegar al país para “quitarle” el trabajo a los ingleses, hubo persecuciones nocturnas que bien pudieron transformarse en verdaderas cacerías de inmigrantes indios, bengalíes, pakistaníes y de otras nacionalidades, a los cuales los skinheads ni siquiera distinguían por procedencia o nacionalidad.

FOTO 7

 

El final de una década cansada

En pleno año del mayo francés hubo en toda Inglaterra una convocatoria masiva para una marcha en contra de la guerra de Vietnam.FOTO 8 Todavía en una era de “amor y paz” los hippies integraban buena parte de las organizaciones políticas partidarias y estudiantiles de la época, y en aquel 1968 panfletearon y distribuyeron las consignas en los barrios obreros londinenses. Entraron no sólo en las fábricas sino que también lo hicieron en los estadios de fútbol, buscando al hombre y a la mujer “común” y no politizada. El asunto no llegó a mayores, pero fueron severamente rechazados y hasta ridiculizados. Los Headhunters, barra del Chelsea, repudiaron la convocatoria y en los partidos de fútbol cantaron canciones en contra de la marcha.
Pero esto no quedó ahí. El día de la manifestación, unos doscientos hooligans y cabezas rapadas, todos ellos elementos vinculados a la hinchada del Millwall de Londres, concurrieron al lugar pero no para participar de la manifestación, sino para reprimir a los hippies y las agrupaciones estudiantiles. La fragmentación de la sociedad y en particular de la juventud inglesa, era evidente. Los skins arremetían contra los hippies y la izquierda vinculada a los sectores intelectuales y pequeño burgueses progresistas. Esa pareció ser la ruptura definitiva con todo el espectro juvenil inglés. Aquellas fueron las primeras manifestaciones públicas que dispararon definitivamente al movimiento hacia una mala fama que desde entonces nunca más perderían.

 

Punk rock e ideología 

En 1976 Londres estallaba. LaFOTO 9 movida juvenil parecía resurgir de su letargo y una vez más con un espíritu y con una necesidad de romper con las generaciones precedentes. El punk fue un movimiento que se rebeló contra el aburguesamiento de las estructuras culturales que determinaban el mercado de consumo juvenil. Nueva música, que en realidad buscaba volver a las raíces y recuperar algo que parecía perdido; y a su vez rechazar a aquellas generaciones pretéritas que lo habían permitido. También una nueva conducta; una definitivamente más agresiva que la generación anterior de los hippies. En ese marco, los punks y los skins se encontraron y coexistieron. Es probable que hasta se fusionaran, y que en ciertos casos estemos hablando de una misma persona, pero lo cierto es que ambos grupos se mezclaron y compartieron la furia. El carácter y la mirada nihilista de ambos grupos con el mundo circundante permitieron esa interrelación, aunque los skinheads siempre lidiaron por mantener su propia identidad, e incluso llegaron a mirar con recelo la evolución de sus coetáneos. Es que algunos círculos los punks estaban profundamente politizados. Bandas de renombre como The Clash se habían convertido al activismo político y el movimiento, que en general había surgido de las calles, pronto se masificó con un discurso de izquierda y revolucionario. Otros grupos en cambio prefirieron el descrédito a la sociedad y el desengaño por los proyectos colectivos. La frase “no future for you” caló hondo en una generación caracterizada por el rechazo visceral a las generaciones mayores; a aquella de padres o abuelos que habían combatido al nazismo alemán en la segunda guerra mundial, o a la generación intelectualizada de amor y paz de los sesenta. No era extraño que se comenzara a utilizar con desenfado y ánimo provocador, símbolos de fuerte contenido ideológico. Con la única intención de provocar al sistema, y sin una conciencia política del todo determinada, algunos punks incorporaron al cuero, las crestas y los alfileres, remeras con una hoz y un martillo o remeras con cruces gamadas. Se comenzó a coquetear con los saludos nazis y la esvástica.

 

¿La fractura del movimiento o el final de la metamorfosis?

Para los skins de la primera hora, el punk fue un movimiento advenedizo “de fin de semana” que fue utilizado por las grandes firmas disqueras. Aún así el relacionamiento existió y las influencias también. De los sonidos del ska, el rocksteady y del reggae y del punk, surgieron otras experiencias y sonidos tales como el Oi! (punk callejero) y el 2Tone (un ska acelerado propio de la era post-punk). De manera que, el rock que siempre había ajeno a la cultura skin, se terminó por instalar en lugares en donde nunca había penetrado. Paralelo a todo esto cabe mencionar algo no menor: la captación de algunos partidos políticos tanto de izquierda como de derecha. FOTO 11Los que llevaron la delantera fueron algunas organizaciones de extrema derecha, que encontraron un verdadero campo fértil en los grupos de skinheads. Infiltrándose en las calles, en los barrios y en los estadios de fútbol, a finales de los setenta y en los ochenta surgieron organizaciones skinheads nacional-socialistas. La columna vertebral de este trabajo político se encontraban en las “barras bravas” del Liverpool, el Manchester United, el Arsenal, el West Ham y el Charlton. El National Front, un partido político de cuño fascista, fue una de las organizaciones que operó abiertamente en esos lugares, pero también lo hizo el Partido Nacional Británico en la década del ochenta. Ambas organizaciones incorporaron en sus filas a jóvenes skinheads, bajo un discurso racista, nacionalista, de supremacía blanca y en contra de la homosexualidad, los inmigrantes, los judíos, etc.etc.Se destinaron importantes fondos para sostener algunas actividades, propaganda y cultura. Desde el punk rock surgió una controvertida banda llamada Skrewdriver, que fue la primera en denominarse neonazi, y fue el germen político del grupo Blood and Honour, una organización de skinheads nacional-socialistas fundada a finales de los setentas.
Además surgió en Londres el RAC (Rock Against Communism), una tendencia neonazi y fascista que hasta hoy en día tiene sus propias bandas de música y sus agrupaciones políticas en diversas partes del mundo. Por su parte la izquierda también copó al movimiento. Es cierto que fue a modo de respuesta a destiempo y tácticamente a la defensiva, de algo que ya parecía haberse ido de las manos y que ya no pertenecía a Inglaterra solamente. Como resultado del nacimiento de los Hammerskins (que extrajo su símbolo de los martillos caminantes de la película The Wall) en Dallas, EEUU, surgieron en Nueva York la SHARP (Skinheads Against Racial Prejudice) en 1987, y la RASH (Red & Anarchist Skin Heads) en 1993, ambas de orientación izquierdista.

 

Es interesante saber que bajo este formato de movimiento neo-nazi es que la cultura skin fue exportada al resto del mundo en los años ochenta. De un movimiento local, de extracción proletaria y marginal nacido en las ciudades industriales inglesas, pasó a ser un movimiento europeo, extendido por diversos países del viejo continente hasta Rusia. A lo largo de la década también en EEUU e incluso América Latina. Hoy en día, las organizaciones skinheads europeas no sólo no han desaparecido, sino que se reproducen en las sombras, a espaldas de las cámaras o de los medios de comunicación en general.

GAV 67 NEG 001

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *