Un tal Bolaño

Breve biografía

En abril de 1953 nace en Chile el señor Roberto Bolaño Ávalos. El gusto por la lectura lo heredó de su madre y lo desarrolló a temprana edad: a los tres años ya sabía leer y a los 7 escribió su primer cuento. Llegó al punto de ser diagnosticado un adicto a los libros, por lo que los médicos le prohibieron leer por largos periodos.

En su adolescencia, la familia se muda a México y allí Roberto pasó días enteros leyendo en las bibliotecas públicas. Es a esa edad cuando descubre que quiere escribir, pero sobre todo llevar una vida de poeta: idea lo marca para toda la vida.Bolaño.jpeg

Su entrada oficial al mundo de la literatura podemos marcarla en el momento en el que decide fundar un grupo literario en el que los integrantes se autodenominan Infrarrealistas. Este movimiento se verá plasmado años después en la novela Los detectives salvajes. El infrarrealismo es a grandes rasgos literatura anarcopunk. Se asocia de cierta forma con el dadaísmo, ya que dibuja nuevas formas de concebir la realidad bajo sus propias reglas. Los infrarrealistas tomaron como consigna la frase del artista chileno Roberto Matta «Volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial».

Bolaño regresó a Chile tras el golpe de estado liderado por Pinochet. Sentía un compromiso social que lo obligaba volver y combatir desde adentro. Allí fue detenido y arrestado por policías que supieron ser sus compañeros de clase en secundaria. Estuvo preso y solo durante ocho días en su madre tierra, días que le sirvieron para entender las verdaderas dimensiones del golpe y decidir volver a México con su familia.

Mientras tanto, Barcelona comenzaba a erigirse como el centro de los escritores de habla hispana. Bolaño emigra allí y comienza un larguísimo periodo de lucha por sobrevivir (periodo que le durará casi toda la vida). Trabajaba de lo que podía para comer mientras no dejaba de leer y escribir.

En los noventa, luego de ser padre de su primer hijo, comienza a manifestarse la enfermedad hepática que lo llevará lentamente a la tumba. Es una época de grandes desafíos en la que sobrevive escribiendo y cuidando a su pequeño mientras su pareja trabaja. Vivían los tres con el sueldo de ella, que alcanzaba para poco y nada. Por eso el escritor comienza a enviar efusivamente sus obras a todas las editoriales que conoce; todas rechazan su trabajo.

La pasión hacia la escritura se fue transformando en una necesidad: necesito escribir para ser quién soy, pero también lo hago para sobrevivir. Bolaño necesitaba desesperadamente vender sus libros para poder comer. ¿Qué otra cosa podía hacer un inmigrante sin referencias como él?

A fines de los noventa llega el respiro: se publica Estrella Distante, una obra considerada luego una de las mejores de la lengua española de los últimos treinta años y luego llegó Los detectives Salvajes y con ella los premios Herralde y Rómulo Gallegos.

 

Los detectives Salvajes

Arturo Belano y Ulises Lima son dos jóvenes poetas que inician la búsqueda de Cesárea Tinajero, una escritora desaparecida en México luego de la revolución. En esta búsqueda y sus consecuencias, que durarán más de 20 años, la historia y la investigación de nuestros protagonistas irán bifurcándose a través de variados personajes y lugares.

Si se puede decir que una novela es completa, este sería el claro ejemplo. A Los detectives salvajes no le falta nada: tiene amores, asesinatos, manicomios, drogas, prostitución y mucha poesía.

Es necesario identificar en esta historia las tres partes que la constituyen: la primera denominada «Mexicanos perdidos en México (1975)», la segunda «Los detectives salvajes (1976-1996)» y la tercera y última parte, «Los desiertos de Sonora (1976)».

La primera parte refiere al ingreso de Juan García Madero a un grupo literario denominado “Realismo Visceral”. Juan, huérfano de 17 años, vive con sus tíos y es estudiante de derecho, aunque su verdadera vocación es ser escritor. Ingresa al grupo de los “Visceralistas” (como gustaban llamarse) por medio de Arturo Belano y Ulises Lima, sus fundadores. Este primer capítulo refiere a las aventuras de estos tres personajes en donde abundan los libros, la droga y el sexo. También cuenta el viaje que emprenden junto a una prostituta llamada Lupe, cuando huyen del proxeneta de esta.

La segunda parte es la unión de testimonios, entrevistas y cartas de cincuenta y tres personajes que conocieron  a Ulises Lima y/o  Arturo Belano luego de que ambos emigraran de México (cuando acompañaron a Lupe a escapar, en la primera parte). Estos testimonios son el relato de una parte de las vidas de cada personaje, y de cómo la misma cambió en el momento en el que irrumpieron los protagonistas. Estos relatos nos dan pistas sobre nuestros detectives salvajes, quienes se pierden por un tiempo en su propia investigación y huida.

La tercera parte, vuelve al día en el que terminó la primera parte, siendo la continuación del viaje de García Madero, Ulises Lima, Arturo Belano y Lupe, que huyendo del proxeneta, se desplazan al estado mexicano de Sonora, en donde comienzan con la búsqueda de la poetisa y antigua fundadora del Realismo Visceral, Cesárea Tinajero.

Los lugares en los que nos sitúa la historia son diversos. Si bien en la primera y tercera parte, están dentro del territorio mexicano, en la segunda parte nos encontramos con  una sucesión de veinticuatro destinos internacionales, como Santiago de Chile, Barcelona, París, Londres, Viena, Roma y El Cairo, entre otros. Estos destinos son los distintos lugares en donde los personajes que brindan su testimonio se encuentran con Ulises y Arturo.

Lo inusual de esta novela de Bolaño (además de la dificultad para encontrarle un género único) radica en su estructura y narración.

Los detectives salvajesEn Los detectives salvajes, el relato se inicia y culmina con un extracto del diario íntimo de Juan García Madero.  La historia comienza con la hoja del diario del 2 de Noviembre de 1975. En esta primera instancia y hasta que finaliza el capítulo (el 31 de diciembre del mismo año)  los hechos son narrados a través de las vivencias de Juan, así como el análisis de cada personaje. Lo mismo sucede con el tercer capítulo, que comienza con la hoja del diario del 1 de enero de 1976 y finaliza el 15 de febrero. El autor, quizás creyendo que la subjetividad de un personaje no era suficiente para narrar esta historia, nos mete en el segundo capítulo introduciendo los monólogos de otros personajes (muchos de ellos no mencionados hasta ese momento). Estos testimonios han sido fechados y situados, se les ha indicado el nombre del personaje a quién corresponden y luego se han integrado a la novela.

Bolaño ha logrado en la mayoría de los casos redactar cada testimonial de modo que sean unidades con un principio y fin. Además, creó distintas voces muy bien logradas, como un argentino que dice “pibe” y “pelotudo” y una uruguaya, que cada tres palabras dice “che”.

El tiempo total que tarda la enunciación del discurso narrativo abarca desde el 2 de noviembre de 1975 hasta diciembre de 1996 y la totalidad de la novela es narrada con un número importante de personajes en primera persona, singular.

El tema principal se hace notar desde el comienzo: La literatura. La vida de los personajes, en su mayoría escritores, se debate entre el amor a la escritura y la lectura, la crítica y lo difícil que es vivir de la literatura cuando se quiere seguir siendo fiel a uno mismo. Este libro trata también sobre la literatura hispanoamericana y sus escritores de ayer y hoy.

Podemos decir que Bolaño se retrata a sí mismo a través de su alter-ego Arturo Belano y que aprovecha para criticar duramente a los escritores contemporáneos. En uno de los tantos diálogos de la novela, el personaje Ernesto San Epifanio, sostiene que «a los poetas se los puede dividir en maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos». Y cita ejemplos: «Walt Whitman es un maricón, Pablo Neruda es un marica, Octavio Paz es un marica, Borges es un fileno y Rubén Darío es una loca».

La novela termina con una pregunta. Queda clara aquí la intención de Bolaño: quiere que el lector participe y diseña una obra adaptada a esa intención, para que este sea el verdadero detective y protagonista. Este deberá unir los diferentes relatos, descifrar personajes e historias, descubrir qué fue de la vida de cada uno de ellos, los amigos, los detectives y los desaparecidos, y quiénes son culpables, si es que se puede culpar a alguien. En fin, una novela para armar, como la inolvidable Rayuela de Cortázar, con una mezcla de investigación periodística al estilo A sangre fría, de Capote.

 

Bolaño íntimo

Al contrario de lo que se suele creer, Bolaño era una persona muy afectuosa. Le encantaba salir a callejear y hablar con todos en los bares, librerías y cafés. Disfrutaba estar con niños, jugar con ellos y hacerlos reír. Todos asumen que su figura no puede ser otra cosa que una nube oscura y melancólica, sin embargo, en el día a día se veía otra cosa.

El Mundo Bolaño es bien diferente al mito Bolaño. Muchos escritores, críticos y lectores creen que fue un maldito de la literatura, pero si nos acercamos un poco más a su vida el argumento cae. El escritor no vivió conflictos trascendentales, hasta incluso podríamos decir que “huyó” de la dictadura. Tuvo mujeres, hijos y amor. No era un borracho ni un drogadicto, estaba en su sano juicio y era alguien querido por todos los que lo conocían. ¿Cuál podría ser su maldición entonces? Ser pobre, escribir y tener reconocimiento después de morir, es decir, nada muy diferente de lo que pasa con la mayoría de los escritores.

Bolaño

Era un hombre humilde y lleno de certezas. Sus ideales fueron transmitidos a través de sus obras. Su literatura no es de fácil acceso, mantiene su propia lógica, por eso es más querido por críticos que por lectores. Leer a Bolaño conlleva educarse y entender su mundo. Se lo lee diferente porque está fuera del canon de su época. Lejos de los eruditos e intelectuales, el autor no llegó a terminar la secundaria y no fue a una universidad. Fue sí un lector voraz y un hombre bien informado, pero su estilo era diferente. Quizá su forma de ver la escritura era más, por así decirlo, pura; lejos de la visión estructurada que suele aprenderse en las instituciones académicas.

Roberto Bolaño falleció el 15 de julio de 2003 tras sufrir complicaciones de la enfermedad hepática que padecía. Estaba a la espera de un trasplante que no llegó. Sus últimos días los dedicó a trabajar en la obra 2666 para dejar un sustento económico a sus hijos. No llegó a verla publicada, así como tampoco llegó a ver el éxito que sus publicaciones alcanzaron con los años. Quién sabe qué autor sería hoy si no hubiera muerto a los cincuenta años, quién sabe si sería una leyenda viva, si hubiera dejado de escribir o si con los años, se hubiera convertido en esa clase de escritor burgués y mediocre que odiaba.

 

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