Déjà vu para una sociedad

Nunca es fácil abordar temas tan complejos como lo son las violaciones a los derechos humanos y menos cuando son cometidos en periodos dictatoriales, pero el escritor argentino Martín Kohan, a través de su novela Dos veces junio narra esa etapa desde una mirada diferente, la mirada de un soldado argentino. Kohan nos introduce al texto con una pregunta muy visceral: «¿A partir de qué edad se puede empesar a torturar a un niño? [sic]«, pregunta que nos interpela como lectores y nos invita a conocer la temática de la novela y a la vez es ser parte de su hilo conductor.

La novela se desarrolla en junio de 1978, momento en el cual Argentina estaba viviendo un «Proceso de Reorganización Nacional» como lo llamaron sus precursores, J. Videla, E. Massera y O. Agosti, que habían dividido al país y destrozado la credibilidad del pueblo. Si bien Argentina vivió varias dictaduras, ninguna se compara con el nivel de violencia que se manifestó en esta: se registraron violaciones sistematizadas a todos los derechos humanos, secuestros, torturas y asesinatos de personas consideradas subversivas y con diferentes ideologías (ya sean políticas, religiosas, étnicas o incluso de orientación sexual) a la de los mandatarios de turno. Secuelas de estos hechos repercuten en la actualidad en el imaginario colectivo y reclaman que se aclaren los crímenes cometidos y aparezcan las victimas que desde entonces no se sabe de su paradero.

El nombre de la novela hace referencia a dos eventos sucedidos en el mes de junio pero de distinto año, uno es el Mundial de Fútbol realizado en 1978 y el otro es la Guerra de las Malvinas en 1982 (guerra que se perdió y que dejó al país muchas bajas de los inexpertos jóvenes soldados que habían ido a combatir).

A pesar del quiebre democrático, el Mundial de fútbol, cuestionado por su legitimidad y oportunidad de celebración, era a la vez esperado por los argentinos y se convierte en la única alegría que tiene el país. Como en la mayor parte de los países latinoamericanos, el fútbol representa una parte importante de la vida de la sociedad y el autor juega muy bien con las alegorías que hace de él; como el ganar o perder un partido repercute en la sociedad y más en ciertas circunstancias.

«Al verlos salir abrumados, abatidos del estadio, pensé que extrañamente tenían, a un mismo tiempo, la apariencia de los inocentes y la apariencia de los que no son inocentes.»

El evento deportivo fue la excusa perfecta del gobierno para distraer al pueblo y la única vía de la sociedad de escapar de la realidad.

La historia de «Dos veces junio» se desarrolla en torno a las vivencias de un joven soldado de 18 años que cumple con el servicio militar, obligatorio en esa época. Desde el principio de la historia queda clara la preocupación del joven y de su familia para que él comience a realizar el servicio militar. Atentos a lo que dice la radio e incrédulos cuando sale el número «seiscientos cuarenta», tienen que ir a comprar el diario solamente para confirmar la alegría y el orgullo de que el chico se iría «a la colimba» como lo había hecho su padre.

“Entonces mi padre dijo: “Tierra”. Y entonces mi madre dijo: “¡Mi soldadito!”, llorando de emoción.”

El narrador la mayoría de las veces se presenta en tercera persona, pero en ocasiones pretende ser el personaje principal; da testimonios y opiniones de lo que sucede a su alrededor. Este, a lo largo de la trama, se enfrenta con situaciones que rozan el límite entre el bien y el mal y muestran la postura y pensamientos de más de un ciudadano argentino.

La desfamiliarización del personaje con situaciones aberrantes que suceden dentro de la colimba y en distintos establecimientos militares es sorpresiva para el lector; en especial en situaciones donde conoce a otros personajes (principalmente del sexo femenino) en donde más de uno tendría un dilema moral y él lo toma con una naturalidad propia de muchos actores de la época.

Personajes como el Dr. Mesiano, del cual el soldado cumple el rol de su chofer, son referentes en la vida del personaje principal y permiten entender el compromiso y la obediencia de este soldado, que piensa y actúa más allá de las ideologías políticas y de la historia. El soldado lo idolatra y respeta como lo hace con su padre y en cierta forma lo protege, cuestionando y juzgando a sus pares.

El texto esta escrito de una manera peculiar, innovadora para la literatura latinoamericana. Invoca un juego numerológico que separa los párrafos en recortes, organizándolos de tal manera que solos pueden no significar nada, pero juntos permite guiar (y también puede decirse, despistar) al lector a lo largo de toda la novela. No sabemos bien porque Kohan eligió este estilo de presentación de los párrafos, quizás es una alusión a la censura de la libertad de expresión que había en ese periodo y que  solo habían cosas que se podrían decir en voz baja, como susurrando. Cada recorte puede ser un susurro, que recopilados forman la novela. Algunos de los números que encabezan los párrafos refieren a datos que nos brinda el texto, a fechas históricas o eventos relevantes de la trama, otros simplemente están allí, ocupando un lugar en el espacio.

Con este libro, el lector se sentirá atrapado con el transcurso de la historia y a la vez horrorizado por una ficción que por medio de un personaje particular muestra una realidad que vivió el pueblo argentino, y por desgracia, también otros países de la región; y por los familiares y allegados a las víctimas hasta la fecha piden aclaración y justicia.

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