Quiroga y el hombre en doble confrontación: con la naturaleza y con las condiciones sociales

Horacio Quiroga es considerado uno de los más grandes cuentistas hispanoamericanos. Su obra está situada entre el fin del modernismo y el comienzo de las vanguardias. Formó parte de la generación del novecientos, al igual que otras destacadas figuras de las letras como Julio Herrera y Reissig, Delmira Agustini y José E. Rodó, entre otros, quienes publicaron sus obras entre los años 1895 y 1925.

En sus comienzos, Quiroga fue un seguidor de Rubén Darío y fue fuertemente influenciado, de acuerdo a sus propias palabras, por Edgar Allan Poe y su estilo, centrado en temas sobrenaturales y terroríficos, que exponía a sus personajes a situaciones extremas. La obra de Quiroga, y en especial sus cuentos, representaron toda una revolución para la literatura hispanoamericana. Sus temas, que cada vez apuntaban más a un americanismo y realismo, lo ayudaron a crear un nuevo y distintivo estilo, basado en vivencias personales y enfocado en la naturaleza, la muerte y la lucha del hombre contra estas fuerzas y además, contra el sistema social y político establecido.

Un poco de historia

La vida de Quiroga estuvo marcada por numerosos sucesos personales, muchos de ellos trágicos y otros más espirituales y filosóficos. Cada uno de estos sucesos se vio reflejado en su producción literaria y uno de los más importantes es su estancia en Misiones. Quiroga conoció este lugar en 1903 y luego de varias idas y venidas, terminó por comprarse una chacra allí junto a la orilla del Paraná, para residir oficialmente. En este sitio desarrolló sus cuentos más destacados, en los que describe la vida en el lugar, la problemática social presente y la naturaleza reinante. Muchas de estas narraciones se publicaron posteriormente en Cuentos de amor de locura y de muerte.

De esta obra se destacan tres cuentos inspirados en la vida misionera y del chaco: “La insolación”, “Los pescadores de vigas” y “Los mensú” que representan perfectamente no solo la lucha del hombre contra la naturaleza, sino también la lucha social, las injusticias y desigualdad a las que se ven expuestos los trabajadores de la región. La naturaleza de estos sitios, con sus paisajes, su crudeza y sus animales salvajes, representa un papel igual de importante que los personajes. Estos últimos experimentan distintas tragedias y padecimientos por la flora y la fauna y también, por sus pares, los hombres, quienes los explotan con fines lucrativos.

Para poder ver la crítica social existente en estos tres cuentos de Quiroga y el combate eterno entre el hombre y la naturaleza, alcanza con ver la tipología de sus personajes, sus relaciones de poder, el ambiente y contexto en el que se encuentran y el papel de los animales y las fuerzas naturales.

En la elaboración de cada uno de estos cuentos, Quiroga dispone de una serie de objetos del mundo que sirven como soportes de la narración: las fuerzas naturales, como las de las corrientes de agua; los climas extremos, como el calor sofocante, los animales, a veces como comentaristas, otras como meros elementos del escenario que sufren a la par de los hombres. Los personajes, hombres comunes, no poseen una identidad particular y tampoco la necesitan: serán sus acciones y su contexto social y natural los que determinarán su destino. Y este destino es siempre oscuro, porque aquellos personajes que no mueren al final de los cuentos y sobreviven a los golpes de la naturaleza, es porque en realidad, sus circunstancias sociales los hacen estar ya medio muertos.

Tres cuentos destacados

“La insolación” fue publicado en 1908 por primera vez, en la revista Caras y Caretas, y es uno de los primeros relatos que introduce el tema del monte en la obra de Quiroga. Posteriormente, se publicó en la obra Cuentos de amor de locura y de muerte, donde alcanzó la relevancia que hoy tiene. El cuento no remite a Misiones, sino al Chaco, otro de los lugares inspiradores del autor, que representó el acercamiento a otras realidades y vidas.

Desde el comienzo, este cuento tiene un rasgo distintivo: los perros hablan. Si bien no logran comunicarse con los hombres, porque no comparten su lengua, hablan entre sí. Este recurso de Quiroga permite al lector obtener una nueva perspectiva en el cuento y una nueva sensibilidad. Tenemos así a un narrador omnisciente, que describe el paisaje del Chaco y el calor sofocante del lugar, y un grupo de perros que notan la presencia de la muerte y cómo esta viene a buscar al patrón, Jones. Se dice a nivel popular que los perros tienen una sensibilidad especial y pueden ver la muerte incluso antes de que llegue. En este cuento confluyen la aventura, los animales y la presencia de la muerte. Su valor agregado es la presencia del monte, en donde se muestran las condiciones de trabajo de los peones, que deben pasar largas jornadas bajo temperaturas extremas. Los personajes son animales y hombres sencillos, sin otra identidad más que el nombre: el patrón, un extranjero solitario que encuentra compañía en su whisky; el grupo de perros, quienes intentan alertar a su amo sobre la muerte, porque temen perderlo y tener que acostumbrarse a otro dueño y posibles malos tratos; y los peones, a quienes se menciona sobre todo para explicar el contexto, detallar el escenario y mostrar la relación de sumisión que tienen con su patrón.

Con “La insolación” se puede ver por primera vez a un Quiroga analista de la realidad, que se bien aún se mantiene dentro de la ficción incluyendo animales protagonistas, misterio y muerte, comienza a destacar la crudeza de la naturaleza del Chaco y la dura vida de trabajo de los regionales. A diferencia de “Los Mensú” y “Los pescadores de vigas” esta narración no se enfoca en la denuncia social, sino que comienza tímidamente a mostrar la realidad chaqueña y a develar algunos de sus conflictos. En este caso, es el calor que vence al patrón míster Jones, quien tuvo el  coraje estúpido de exponerse a temperaturas infrahumanas. El final del cuento, espeluznante en sus imágenes, deja ver entrelineas un mensaje sobre el peligro de la soberbia ante la naturaleza. Este cuento se conforma como una creación literaria en donde se comienza a explorar sobre lo americano, lo autóctono y la problemática social de la época.

Quiroga en Misiones

Un cuento de otro tipo es “Los pescadores de vigas”, que si bien puede catalogarse entre los relatos del monte de Quiroga, es un poco más realista y puede etiquetarse como literatura social. En esta narración nos encontramos con el sacrificio de un hombre simple, un pescador de vigas, que es capaz de arriesgar su vida por conseguir un gramófono “Ese hablero… los mozos que cantan”, de acuerdo a las palabras del indígena Candiyú. Del otro lado, encontramos a míster Hall, un extranjero que, abusando de la ignorancia y necesidad de Candiyú, vende su gramófono por vigas.

Esta narración es delineada con personales locales, donde una situación común funciona como disparador de una lucha del hombre contra la naturaleza y del hombre contra sus propias condiciones sociales. Candiyú no es más que otra figura sencilla, víctima de su situación y su ignorancia, con una vida llena de sacrificios como todos los personajes misioneros de Quiroga. Mister Hall, como buen inglés poderoso, funciona como la encarnación del poder y el abuso.

El autor Monegal sostiene en Genio y figura de Horacio Quiroga que este cuento no solo muestra una batalla de un hombre con la las fuerzas naturales, en este caso, el río que casi mata a Candiyú y que se cobra la vida de muchos hombres y animales del obraje de Castelhum, sino que además existe “un sentido alegórico en la situación colonial que el cuento define como por transparencia al presentar a ese inglés que ofrece el milagro del gramófono al indígena maravillado, y que de ese modo obtiene la viga que necesita para su casa”. El sufrimiento del protagonista no es otra cosa más que la representación de la herida colonial. El indígena, preso de su ignorancia y necesidad, accede al sacrificio, donde es agredido por el ambiente natural que lo empuja a ir más allá de sus propios límites humanos.

Se visualiza de esta manera el combate diario del hombre común, quien en primer lugar lucha con su ambiente natural, el clima, la lluvia, los animales y una vez que subsiste, debe enfrentar los desafíos que el sistema impone, limitándose a asumir su rol social marginal. La denuncia es explicita aquí, donde se muestra al extranjero manipulando y explotando a un hombre por su propio interés. Quiroga deja ver su sensibilidad e incluso su ideología sobre las formas que el mercado reserva para los americanos bajo el yugo del imperio.

Aún más evidente es la denuncia en “Los mensú”, texto que permite afirmar dos cosas sobre el autor: en primer lugar, su profundo conocimiento sobre la explotación existente en Misiones, donde los extranjeros al poder manipulan a los analfabetos, presos de su ignorancia, quienes firman contratos ridículos y trabajan en condiciones infrahumanas para obtener lo mínimo para subsistir. En segundo lugar, la técnica utilizada para trazar los personajes misioneros. De acuerdo a Roxana Gardes de Fernández, en estas narraciones “hay un esquema de acciones tipificado: trabajo por la subsistencia, agresión del ambiente natural (víboras, boas, corrección, lluvias torrenciales, inundaciones), enfermedad y muerte, Los rasgos de los personajes se configuran desde esta tensión del límite humano. Solitarios, silenciosos, inermes.”

“Los mensú” es la apócope de los mensuales, quienes trabajan en época de zafra para cosechar y por sus necesidades económicas, se encuentran atados al patrón y sus exigencias. Se evidencia la forma de explotación del trabajador rural, quien debe dinero a su empleador desde el primer día, encerrado en un círculo vicioso de explotación y miseria. Por su denuncia social y su contenido, se puede trazar un paralelismo de este cuento con la novela Las uvas de la ira de John Steinbeck, en la que se muestra la pobreza e injustica social que debe enfrentar una familia de agricultores, que busca mejores condiciones de vida luego del crack del 29.

Casa de Quiroga en Misiones

En “Los mensú” se aborda la lucha del hombre contra su medio y contra los hombres, pero no cualquier hombre, sino especialmente contra los españoles. Retrata la explotación de los peones de los maderales de Misiones, quienes se encontraban en una situación de semi esclavitud, condenados a trabajar en la tala del monte en condiciones extremas, hasta lograr cancelar su cuenta.

La dureza de la vida impulsa al mensú a vivir sus días libres entre alcohol y prostitutas, en un intento por olvidar su realidad, lo que le genera nuevos gastos, una cuenta mayor y lo encierra en un laberinto de pobreza.  En el cuento, la obsesión de los patrones por el pago de la cuenta es constante. Incluso cuando uno de los protagonistas enferma gravemente, se le impide irse antes de que pague lo que debe.

Los mensú son sometidos y estafados, la provista no es más que otra manera de explotación y dado que firman los contratos sin leer, no tienen garantías para defenderse. Sobre este punto, podemos ver que el narrador no solo demuestra las terribles condiciones laborales de los mensú, sino que además también se encarga de señalar las conductas de estos que alimentan tal explotación, como su despilfarro de dinero y su incapacidad de pensar en el futuro. Hay ciertos rasgos psicológicos que hacen que el mensú sea individuo ideal para la explotación. En este sentido, Monegal afirma: “al examinar la situación económico-social de Misiones, Quiroga no teoriza. Estudia situaciones concretas, desmonta la explotación capitalista a partir de la realidad misma”, por tanto, su denuncia no se configura como un reclamo para los explotadores, sino que es también un aviso para los explotados.

En estos tres cuentos de Quiroga se hace evidente el enfrentamiento diario de los hombres comunes contra la naturaleza y contra sus propias condiciones sociales. Ambas luchas tienen el mismo objetivo: la supervivencia. Al plantearse esta problemática típicamente americana, con sus protagonistas, sus tareas y sus paisajes, puede notarse claramente una denuncia ante la humillación del hombre y una muestra de la solidaridad de Quiroga para con sus corregionales.

Cabe preguntarse qué pensaría Quiroga si estuviera aquí, entre nosotros, casi 100 años después de haber escrito estas historias. Superadas (o dominadas) las dificultades que la naturaleza representa para el hombre común: ¿la lucha contra las propias y determinantes condiciones sociales ha cambiado en algo? ¿Hemos evolucionado tanto como creemos?

 

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